Así es Ivanex, parecidas a los cristalitos de colores de un caleidosopio, las poesías son las mismas pero forman composiciones distintas porque distinto es el estado de ánimo en que hoy en dia las copio.
No habrá cuerdas que aten tus manos
No si mi amor no puede atar tu corazón
No es necesario adoptar una postura
Porque fui yo la que decidió empezar
No veo la necesidad de que me lleves a casa
Soy los suficientemente grande para enfrentar el amanecer
Solo llámame ángel de la mañana,
Solo toca mi mejilla antes de que me dejes,
Solo llámame ángel de la mañana,
Y entonces aléjate lentamente de mi
Tal vez la luz del día sea tenue
Y no importará de cualquier manera
Si el eco de la mañana nos dice que pecamos
Era lo que yo deseaba
Y si fuimos víctimas de la noche
No me cegará la luz
Solo llámame ángel de la mañana....
No te rogaré que te quedes conmigo
A través de las lágrimas del día
De los años ...
Solo llámame ángel de la mañana,
Solo toca mi mejilla antes de que me dejes.
Ven píntame con un beso un horizonte cercano
y moja con mi saliva los ríos de tu añoranza,
y ciérrame los dos ojos rozándome con tu mano
y tu otra mano en mi pecho para sentir mi esperanza.
Y tómame simplemente como se toma un suspiro
quiero sentirme un instante vagar en tu pertenencia,
y enrédame en lo profundo para beberme tu esencia
y tómame nuevamente... en algún nuevo respiro...
Reclámame por las noches que lejos hemos estado,
enfócame en tus pupilas cuando la fe te sea poca,
y célame dulcemente de aquello que no ha pasado...
que tengo miles de besos para taparte la boca.
Y júrame entre gemidos por el amor afinados
cuando cantemos desnudos las más elevadas notas
que aquel infinito instante de clímax que se desboca
es una promesa loca de que estarás a mi lado.
Beto Aveiga
Ultima edición por She el Mar May 13, 2008 6:07 pm, editado 1 vez
Apenas te conozco y ya me digo:
¿Nunca sabrá que su persona exalta
todo lo que hay en mí de sangre y fuego?
¡Como si fuese mucho
esperar unos días -¿muchos, pocos?-
porque toda esperanza
parece mar del Sur, profunda, larga!
Y porque siempre somos
frutos de la impaciencia bosque todos.
Apenas te conozco y ya arrasé
ciudades, nubes y paisajes viajes,
y atónito, descubro de repente
que dentro estoy de la piedra presente
y que en cielo aún no hay un celaje.
Cómo serán estas palabras, nuevas,
cuando ya junto a ti, salgan volando
y en el acento de tus manos vea
el límite inefable del espacio.
Una tarde de otoño subí a la sierra
y al sembrador, sembrando, miré risueño;
¡desde que existen hombres sobre la tierra
nunca se ha trabajado con tanto empeño!
Quise saber, curioso, lo que el demente
sembraba en la montaña sola y bravía;
el infeliz oyóme benignamente
y me dijo con honda melancolía:
—Siembro robles y pinos y sicomoros;
quiero llenar de frondas esta ladera,
quiero que otros disfruten de los tesoros
que darán estas plantas cuando yo muera.
—¿Por qué tantos afanes en la jornada
sin buscar recompensa?— dije. Y el loco
murmuró, con las manos sobre la azada:
—«Acaso tú imagines que me equivoco;
acaso, por ser niño, te asombre mucho
el soberano impulso que mi alma enciende;
por los que no trabajan, trabajo y lucho;
si el mundo no lo sabe, ¡Dios me comprende!
»Hoy es el egoísmo torpe maestro
a quien rendimos culto de varios modos:
si rezamos, pedimos sólo el pan nuestro.
¡Nunca al cielo pedimos pan para todos!
En la propia miseria los ojos fijos,
buscamos las riquezas que nos convienen
y todo lo arrostramos por nuestros hijos.
¿Es que los demás padres hijos no tienen?...
Vivimos siendo hermanos sólo en el nombre
y, en las guerras brutales con sed de robo,
hay siempre un fratricida dentro del hombre,
y el hombre para el hombre siempre es un lobo.
»Por eso cuando al mundo, triste, contemplo,
yo me afano y me impongo ruda tarea
y sé que vale mucho mi pobre ejemplo
aunque pobre y humilde parezca y sea.
¡Hay que luchar por todos los que no luchan!
¡Hay que pedir por todos los que no imploran!
¡Hay que hacer que nos oigan los que no escuchan!
¡Hay que llorar por todos los que no lloran!
Hay que ser cual abejas que en la colmena
fabrican para todos dulces panales.
Hay que ser como el agua que va serena
brindando al mundo entero frescos raudales.
Hay que imitar al viento, que siembra flores
lo mismo en la montaña que en la llanura,
y hay que vivir la vida sembrando amores,
con la vista y el alma siempre en la altura».
Dijo el loco, y con noble melancolía
por las breñas del monte siguió trepando,
y al perderse en las sombras, aún repetía:
—«¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando!...»
Aprender a reir, a cantar o a bailar sin ganas o sin motivo. Saludar al sol por las mañanas..abrazarse a un árbol.....son pequeños gestos que pueden hacernos vivir un mundo más amable y con una bonita energía.
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